More Cool Stuff At POQbum.com

ANTEPASADOS PRESENTES: MIO CID CAMPEADOR - PROCREACIÓN

Solo recorrer nuestras emociones y explayarnos en la sanación de nuestras almas heridas...que a veces las batallas injustas, nos abaten y supuestamente nos destruye...

"MÚSICA PARA EL ALMA"

jueves, 9 de agosto de 2007

MIO CID CAMPEADOR - PROCREACIÓN

Diego Laínez contempla a la que duerme a su sombra. Hermosa, regordeta, Teresa Alvarez es la hija del campo, del hacendado noble, de sangre bien nutrida. Hermosa, regordete, frutal. Carne apetitosa, apta a la caricia, pronta al amor. Sus senos potentes, con perfumes de huerta como grandes melones, palpitan con un ritmo sereno de corazón y de mar.
Mirar esa mujer rejuvenece, dulcifica, aclara los problemas del mundo. Todo junto a ella se hace natural, primario, alegre. No se comprenden el vicio, ni las complicaciones, ni los retorcimientos de falsos placeres. El amor directo, lógico, el acto sexual rotundo de un hombre y de una mujer enlazados cumpliendo una función orgánica imperiosa y suprema.
Diego Laínez la coge entre, sus brazos, le acaricia todas las blanduras. Ella le ofrece los labios carnudos y pletóricos. El se crispa en cada roce. Ella se muere en cada beso.
Es un instante solemne, ese instante en que el mundo parece hacerse silencioso para escuchar, recogerse para dar un gran salto. Se prepara una fiesta.
El hombre ahora es el macho, y el macho no resiste más sus impulsos; la mujer es la hembra, y la hembra se abre como una rosa de pie.
Diego Laínez, fogoso, rudo, infantil, se precipita sobre su mujer y entra en su carne, se hunde debajo de su piel con energías de guerrero descansado, ansioso de batallas, impaciente de victorias.
La tierra toma el ritmo de esos cuerpos resollantes y suspira como una montaña. El infinito se vacía, el universo vacila y durante un minuto el sistema planetario se detiene.
Dios, mirando por el ojo de la cerradura del cielo, sonríe.
-¡Ah! Diego, esposo mío, nunca he sentido un estremecimiento semejante, creí perder la razón.
-Teresa mía, es curioso; se me figura hacer el amor por primera vez.
Y Diego Laínez lloraba de alegría anunciadora y cósmica.
-No sé, no sé qué tengo, mujer; pero se me figura que no soy yo el que ha realizado el simple acto de amor, sino todo el universo el que lo ha realizado en mí. Se me figura que he cumplido un designio.
-Esta noche tiene gusto a milagro.
Y otra vez la obsesión de don Pelayo se apodera de] alma de Laínez. Don Pelayo, don Pelayo, la obra inacabada, trunca, cortada a mitad del camino.
La sombra del guerrero gigante se pasea en los sueños de Diego Laínez y la noche se hace fuerte, heroica. La noche es don Pelayo y afuera el ruiseñor sigue cantando a don Pelayo.
-Sí, efectivamente, esta noche tiene sabor a milagro.

VICENTE HUIDOBRO, (Poeta Chileno)

No hay comentarios.: